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El destierro de la esencia

En el jardín del alma, la niña juega, con sus risas de cristal y sus sueños de seda. En su mundo de colores, el tiempo no envejece, y la pureza del instante, como el oro, amanece.

Pero el viento del mundo, con sus susurros de prisa, lleva consigo tormentas, sombras que la frisan. Cada palabra cortante, cada dolor vivido, marca su corazón con un eco sentido.

Sin embargo, en la noche oscura, su luz no se apaga, pues en el silencio de la luna, su esencia se fragua. Y aunque la vida le enseñe las cicatrices del camino, ella danza, en su refugio

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